Yo aprendí a leer con los cómics de mi padre de la Editorial Vid, la cual lamentablemente hoy ya no existe. Títulos como La caída del murciélago, El guantelete del infinito o La Casa de M fueron como mis cuentos para dormir, por lo que puedo decir que crecí con una nueva mitología que fundaron los escritores de Marvel y DC.
No puedo fingir que fui como Elena Garro en su residencia de Iguala, jugando con sus hermanas a ser troyanas o griegas, pensando en el ciclo homérico. Al contrario, yo imaginaba que mi hermana era Doomsday y yo Superman, en aquella confrontación que terminaba en mi muerte, justo en los brazos de Luisa Lane.
Sin embargo, siempre un superhéroe llamó poderosamente mi atención, y ese era Spider-Man (como muchos otros adolescentes). Las películas de Sam Raimi, en la década de los 2000, colocaron al trepamuros en el imaginario colectivo, pero también a su identidad secreta, Peter Parker, en el ojo de millones de hombres que nos sentíamos identificados con el personaje. Nadie tenía la cartera de Bruce Wayne o el carisma de Clark Kent, pero Parker era más cercano a nosotros los mortales, es decir, un chico inteligente, marcado por la mala suerte, que nunca le va bien en el amor, pobre y endeudado, así como poco agraciado.
La versión de Raimi logró insertar al personaje en la cultura popular. Al fin y al cabo el Hombre Araña es una especie de Mickey Mouse para Marvel, motivo que hace más dolorosa la venta de los derechos a Sony para evitar la quiebra durante la crisis de los 90. Fue tal éxito, que no había niño que no quisiera ser Peter Parker, incluso los adultos deseaban la resiliencia del trepamuros para afrontar las tragedias de la vida diaria.
No obstante, este éxito sería contraproducente para el personaje, puesto que Joe Quesada, editor en jefe de Marvel por aquellos años, defendió la idea de que Spider-Man no debía madurar ni envejecer emocionalmente. Por ello mantuvo a Peter Parker soltero, sin hijos y sin estabilidad adulta, ya que consideraba que el matrimonio con Mary Jane lo alejaba de la esencia juvenil con la que los lectores se identificaban.
Por esta razón, las historias del trepamuros oscilaban siempre en el mismo status quo. Brand New Day y One More Day como claros ejemplos de reinicios para Parker. Esto desgastó a los lectores, que siempre veían los mismos conflictos: Spider-Man con una responsabilidad que no deseaba, pero tenía que afrontar, sin dinero, sin el amor de su vida, sin una vida estable. Toda mi generación creció con este héroe, pero ver exactamente los mismos conflictos una y otra vez desgastaba el fanatismo. Llegaba el punto en que tu mente dice: “¿Cuándo va a madurar este hombre?”.
Para romper este ciclo sin fin, tuvieron que aparecer Spider-Man: Into the Spider-Verse y Across the Spider-Verse en las salas de cine, ambas cintas con un Peter Parker entrado en años, pero afrontando la vida adulta. Este Hombre Araña fue el comienzo, pero todavía faltaban los universos en las viñetas a color.
Por esta razón, Jonathan Hickman obtuvo el permiso para reescribir a Spider-Man en el nuevo Universo Ultimate del año 2024 y, con ello, logró romper de forma contundente la “maldición de Joe Quesada”, entregando a los fans el Peter Parker maduro, casado y con hijos que el universo principal les negó por décadas.
Mientras Quesada insistía en que Peter debía ser un eterno joven soltero con problemas de dinero para mantener su esencia, la etapa de Hickman junto al dibujante Marco Checchetto demostró que un héroe adulto y realizado es comercial y narrativamente viable para los lectores de historietas.
En otras palabras, los pequeños y adolescentes que crecimos con el Spiderman interpretado por Tobey Mcguire necesitábamos verlo en otras facetas, y que mejor forma que casado y con hijos. Peter como un hombre que balancea el peso de dos responsabilidades: salvar Nueva York y criar a Richard y May (sus dos hijos), así como mantener a flote su matrimonio con Mary Jane Watson (el verdadero amor de su vida).
A diferencia de otras versiones del Spider-Verse, donde Peter sufre de forma aislada para proteger su identidad, aquí su hija May es la primera en descubrir su identidad secreta, y lo apoya en su cruzada. Además, Mary Jane ayuda activamente y financia su equipo, derrumbando el mito de que la familia es un lastre en la vida de un héroe.
Este Spider-Man no maduró por accidente, sino que maduró por elección. En la cocina de su casa, el héroe se puede quitar la máscara para ser, simplemente, un padre neoyorkino. Es el mito humanizado, la prueba viviente de que el mayor atractivo de Spider-Man no es su tragedia, sino el valor de verlo crecer como persona y madurar junto a él, protegiendo lo que más se ama en la vida: la familia.
Este cúmulo de cambios convierte a este Spider-Man en un experimento narrativo refrescante que se aleja de las dinámicas juveniles y se enfoca en la madurez y la paternidad. Spider-Man necesitaba crecer… y nosotros con él.
Foto de Joey Nicotra en Unsplash

