La curiosidad continua era lo que me impulsaba cada mes o, a veces, de manera quincenal, cada viernes, a salir de las clases de la secundaria como torpedo hacia un ágora donde yacían cúmulos de papel en diferentes formatos de publicación, tales como notas rojas, artículos de opinión absurdos, titulares estrafalarios en conjunto de fotos diseñadas para apelar a viejos (y no tan viejos) rabos verdes, sopas de letras, chismes de farándula, monas chinas, hombres entallados y otros impresos más: un puesto de periódicos y revistas. En concreto, mi costumbre surgió en un inicio por consultar las recientes actualizaciones de los supers1. El puesto fue, al menos para mí, un noticiero no televisado o una estación de radio. Aunque después mi presencia tuvo otros motivos porque al carecer de cierta compañía para hablar de temas frikis, fue ahí donde se forjó un lazo amistoso gracias a una sensación de seguridad, la cual se afianzó un poco a raíz de la muerte de mi papá. Tuve un pequeño refugio donde el paso de los días era como cambiar de páginas, poco a poco me cubría tanto de historias como de afecto.
Recuerdo que quienes gestionaban este puesto eran un padre y su hijo. Lamentablemente, no rememoro el nombre del señor mayor. Casi no llegué a conversar con él2. Por el contrario, con Quetzal, su hijo, pasaba horas hablando y compartiendo ñoñadas sobre personajes, eventos y demás detalles comiqueros. Sobre todo, somos —menciono el verbo en presente porque estoy segurísimo de que esta percepción no ha cambiado en él— fans acérrimos del trepamuros y de sus aventuras moralizantes.
Algo que particularmente se quedó incrustado en mi cabeza fue esta euforia que tuvimos Quetzal y yo por el evento del Spider-Verse, en el que una familia de cazadores de tótems araña empezó a consumir a cada variante del arácnido alrededor de toda la red de la vida y el destino3. Así se formó cierta resistencia entre las máscaras de red para evitar su aniquilación total4. Alrededor de esta premisa se forjó nuestra telaraña amistosa, una red que se afianzó, en parte, por mi pérdida familiar.
Esa red que fue nuestra amistad me hace pensar que la sociedad en general también está situada en una gran red de telarañas, en la que las conexiones enlazan de manera directa e indirecta a cada unx de nosotrxs. Habrá situaciones en las que algunas de las telarañas nos cubrirán con capullos, y otras en las que no; así tendremos situaciones asfixiantes o medianamente desalentadoras. Pero hay otras redes que en vez de estrujarnos, mantendrán a flote los vínculos con las demás personas. Y tal vez la porosidad de la red, al cubrirnos por completo, nos haga creer que todo es homogéneo, absurdo e incipiente, cuando en realidad la red se compone de diversas capas.
Ahora, después de algunos años, noté que el puesto de Quetzal y su padre ya no seguía en operaciones. Con ello se ha perdido parte de esa red en la que me refugiaba. Considero que el saco de seda cumplió ya su función temporal. Solo queda el recuerdo y, claro, algunos restos del capullo. Parte de esa conexión está materializada en los cómics de los que llegamos a hablar durante todo este tiempo que aún conservo y atesoro. Aproximadamente tres años perduró nuestro vínculo estable. Son cómics que no solo contienen las historias ilustradas que compartimos, sino que también contienen todas las charlas, carcajadas y momentos de introspección que tuvimos en compañía.
A pesar de eso, las memorias de las risas y sonrisas aún perduran en mi propia red. Después de todo, cuando vuelvo a pasar por la zona, mi curiosidad ha cambiado. Ya no es tanto el interés por los impresos; hoy en día mi curiosidad es por saber si Quetzal y su familia se encuentran bien. Tendré que reforzar nuestra red que, con el pasar del tiempo, ha perdido estabilidad.
1 Así nombraba a los superhéroes en un inicio. // Entre comillas recientes ya que había una diferencia de mínimo cuatro meses de retraso entre los cómics que se publicaban originalmente en el gabacho y las ediciones mexicanas. Sin duda alguna, el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) no influyó en agilizar el proceso de publicación y mucho menos benefició a otros sectores de la sociedad.2 Él, a diferencia de su hijo, era muy reservado conmigo. Notaba que con otros señores sí mantenía conversaciones y hasta carcajeaba. Tal vez nunca me gané su confianza por la diferencia de edad.
3 Este concepto se refiere a una fuerza cósmica que conecta a las personas con habilidades o poderes arácnidos y a sus respectivas realidades en el multiverso de Marvel Comics.
4 Traté de resumir la premisa de este arco narrativo de su escritor Dan Slott. Aunque tampoco pretendo ser una fuente confiable cuando existen diversas fuentes especializadas que debaten y dialogan entre sí al respecto en internet.

