En el reflejo de tus ojos me veo encarnada: tímida y cariñosa, hambrienta de juegos, de carreras largas y tumultuosas que terminan sobre la tapa del Rotoplas. A veces me falta ser tan elocuente como los cambios en el tono de tus maullidos. Tú eres tú y, sin embargo, me encuentro en ti. Eres el fiel recordatorio de la autenticidad, contenida en cuatro patas, materializada en un audaz cuerpo pardo. Te admiro y deseo proyectar la pureza de tu alma de gato en mi cuerpo de humana, que ansía tu libertad sin prejuicios.
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