No creo en las casualidades. Tal vez por eso hay ayeres que me recuerdan a algún mañana y mañanas que se parecen demasiado al hoy. Siempre vuelves una noche antes de tu cumpleaños, de esos que ya llevas varios sin cumplir. El cuerpo abandona el tiempo, pero el tiempo no abandona la muerte. Te escribo como si todavía tuviera sentido avisarte cosas. Como si aún hiciera falta contarte que mi calle cambió de nombre tres veces, que el foco del pasillo tarda en encender, que cerraron el lugar donde te solía esperar, que aprendí a medir los días de manera distinta. Te escribo porque hay palabras que no saben quedarse quietas si no hay un tú por delante. No sé dónde poner esta carta ni desde cuando la escribo. Las fechas son una forma torpe de ordenar algo que nunca se comportó como un día normal.

Siempre apareces igual. No más joven, ni más viejo. Yo sí cambio, pero contigo no se nota. Tengo diecisiete y una paciencia torpe para las horas largas. Es curioso cómo el tiempo se comporta cuando estás: no avanza, no retrocede. Aprieto el interruptor otra vez. El foco hace lo mismo de siempre. No hablamos de lo que falta. Nunca ha sido necesario. Hablamos de cosas mínimas, de esas que no sobreviven a los años pero que insisten en volver cuando nadie las nombra. Te ríes de los mismos chistes y yo sigo esperando un segundo más antes de responder.

Cada año te quedas menos. No es que te vayas antes. Es otra cosa, como si ocuparas menos espacio. Los verbos varían su función. Las pausas pesan más. Hay presencias que no se van si no cambian su densidad. Hay gestos tuyos que reconozco sin esfuerzo y otros que no recuerdo haber aprendido contigo. No sé si eso significa que estás cambiando o que soy yo la que empieza a parecerse a ti. Esta vez quiero decirte algo y no sé bien qué. Tal vez no es para ti. Tal vez escribo para el tú que esté leyendo ahora, cuando sea yo quien vuelve. Si eres tú, no hace falta que contestes. Las cartas como esta no esperan respuesta. Solo sé que el tiempo no avanza. El foco nunca termina de encender. El sol sale y se oculta. Mañana será hoy otra vez, y algún ayer va a encontrar la manera de recordarme al mañana.

Foto de Dibakar Roy en Unsplash

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