Se ha hablado de tantas modernidades que hoy es difícil sujetarnos a alguna. Quizás, por eso, es que debamos nombrarla modernidad plástica, sinónimo de una modernidad artificial.
Una modernidad plástica revela la relación del sujeto con un contexto que busca en lo plástico un nuevo modo de imitatio. Imita la madera, el metal, la tela, incluso la piel humana y buena parte de la vida en general. No se puede negar que una flor que nunca muere es el deseo de cualquiera, pero una flor plástica nunca será verdaderamente una flor. Como en “la pipa que no es una pipa”, la imagen no es el objeto en sí. Puede funcionar como su representación y, en muchos sentidos, cumplir la misma función práctica dentro del mundo antropocéntrico humano. Una flor de plástico en un jarrón de plástico puede que no dañe a nadie. Sin embargo, un jardín de plástico es un jardín sin vida.
Es en esta relación con lo plástico que toma una posición peligrosa en la interacción con lo humano. Esa otra imitatio de la conversación, que imita y reemplaza al otro en nuestra cotidianidad. Es la pantalla que sustituye un café; a los pixeles, que —afortunadamente— pierden la batalla contra el papel; las cartas que hoy nos negamos a escribir por su tiempo de espera, y, el (falso) amigo que lo sabe todo con apenas teclear una pregunta. Es un consuelo sin hombros en el cual apoyarnos, en medio de nuestro aislamiento del otro y de nosotros mismos.
Flor y canto, el término usado para la poesía en náhuatl, corre el riesgo —con esta modernidad plástica— de transformarse en Canto y plástico, imitación de la bella palabra que una IA pueda generar, sin —como la flor (plástica)— poseer un alma que nos retraiga hacia la condición humana, sino exclusivamente a una condición de irrealidad latente en cada ámbito de nuestra existencia.
No se ama a la flor solo por su belleza, sino también por su mortalidad, por su fugacidad, por su relación en este extraño mundo que resiste.

Felicidades por esa trayectoria; un gran ejemplo para las nuevas generaciones.
Que sigan los triunfos y sobre todo esa sed de aprender e investigar en beneficio de la humanidad.
Un fuerte abrazo.