Ahogados en jornadas laborales extenuantes y en el deterioro de la vida comunitaria, ¿nadie piensa en la amistad? Vivir como habitantes de la misma realidad —corazones que sintonizan, a la misma hora, el mismo programa— es lujo de los locos por vivir al margen de consumir. 

En la amistad, la distancia se vuelve extranjera. Un perdón o un simple “te amo”, dicho ayer o antier, lleva una fuerza atemporal: la de las palabras sinceras, la de quienes no se cansan de la misma historia y se quedan aun conociendo el final. 

Un café cualquiera. Un pasillo. No importa el momento, un simple “te quiero porque tú eres mi amigo” para aligerar la ocasión. 

Descuidarse del ego y atreverse al perdón. Porque el tiempo es poco, y los valientes cada vez menos. 

Cuando la mercantilización y los algoritmos se vuelven norma, tal vez, y solo tal vez, buscar honestamente la amistad sea el último acto de resistencia en tiempos en que el odio y la segregación parecen atentar contra la dignidad humana de todos. 

Foto de Marco Antonio Casique Reyes en Unsplash
Previous articleLa epopeya de Gilgamesh
Next articlePostal a Telford
Salomón Cornelio
Salomón Cornelio, estudiante de licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Me centro en el análisis crítico de los fenómenos sociales y culturales desde una perspectiva histórica y contemporánea, con énfasis en enfoques deconstructivos y dialécticos.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here