Cuando pienso en los romanos y su famosa sentencia “mente sana en cuerpo sano”, me pregunto si pensaron en una pelota. Perseguir un balón quizá no parece atractivo a primera vista, pero el enfrentamiento que simula la guerra, sí. El equilibrio entre mente y cuerpo se refleja en la estrategia y la lucha del guerrero que busca vencer al oponente. La pelota simplemente es el pretexto.
       Muchos pensadores han abordado las posibilidades del futbol desde diferentes trincheras. Para algunos representa la guerra; para otros, la identidad. Años antes de que los romanos pensaran en el equilibrio, los pobladores de Mesoamérica ya habían decidido que la pelota y la guerra eran una buena combinación. Por eso, en la memoria ancestral encontramos pelotas de piedra y cabezas rodando en el campo de juego y de batalla.
       Por otra parte, las cuestiones éticas y morales se reflejan en la cancha, el templo del futbol. Aunque no todos congeniamos con el árbitro, depositamos en él nuestras esperanzas para mediar las pasiones de los jugadores que prefieren, en un arrebato de ira, escapar de las reglas y patear al contrincante. Algunos, como Zinedine Zidane, dejan atrás su legado futbolístico para pasar del juego a la guerra. Tal vez sea una forma de recordar el juego de pelota, rememorando los sacrificios y los ciclos de la vida. De esta manera, mientras unos encuentran que el gol es una obra de arte y un ritual, para otros queda recordar a Aristóteles y la catarsis, a la par que sueltan el llanto y piensan en la madre del árbitro.
       Sin duda, el futbol es una religión, no por nada figuras como Maradona se han consagrado casi como santos populares. Por eso, con la misma pasión que el deporte genera, el polígrafo mexicano Juan Villoro le respondió con una excelente jugada a Nietzsche: “Dios no ha muerto, existe y es redondo”. Tal vez aquellos sabios que pensaban en el movimiento de la Tierra en realidad tenían sus ojos fijos en una pelota.

Foto de Wuilmar Matias-Morales en Unsplash
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Luis Fernando Rangel
Luis Fernando Rangel (Chihuahua, México, 1995). Escritor y editor. Sus libros más recientes son La mano de Dios y Cuando nuestros huesos sean fósiles. Ha recibido algunas distinciones como el II Premio Internacional de Poesía Nueva York Poetry Press, los Juegos Florales de Lagos de Moreno en el género de Cuento en 2021, el IV Premio Nacional de Poesía “Germán List Arzubide” y el Premio Estatal de Poesía Joven “Rogelio Treviño” en 2017. Es fundador de la revista Fósforo. Literatura en breve y confundador de Sangre ediciones. Es Licenciado en Letras Españolas. Ha sido becario del FOMAC (2023, 2017) y del curso de verano de la Fundación para las Letras Mexicanas (2017). Actualmente es Jefe de Unidad Editorial en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH.