Al general Fierro le gustaba colgar los cuerpos de los árboles. Era un gusto que adquirió durante las guerras y conservó a lo largo de los años. Cada vez que se peleaba con alguien, la solución era colgarlo del árbol y verlo retorcerse. Disfrutaba verlos tirar patadas y manotear hasta que abrían la boca bien grande y sus extremidades parecían hilos. Por eso en el pueblo nadie le reclamaba nada. Todos lo respetaban o le temían y para él, respeto y miedo eran lo mismo.
       Un día llegó una compañía maderera y comenzó a talar todos los árboles. Pero dicen que de todos los árboles que había en el pueblo, el único que conservaron era el que estaba frente a la casa del “bandido”. Les advirtió que si lo tocaban, los arrastraría por todo el pueblo al galope de su caballo. Nadie tocó el árbol y la compañía maderera se fue. Con el tiempo, el general Fierro murió. La gente comenzó a plantar árboles y el pueblo se llenó otra vez de verde. Pero todos saben cuál es el árbol donde el general Fierro colgaba todos los cuerpos. Ese árbol, hasta hoy, sólo da frutos podridos.

Foto de Naser Tamimi en Unsplash
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Luis Fernando Rangel
Luis Fernando Rangel (Chihuahua, México, 1995). Escritor y editor. Sus libros más recientes son La mano de Dios y Cuando nuestros huesos sean fósiles. Ha recibido algunas distinciones como el II Premio Internacional de Poesía Nueva York Poetry Press, los Juegos Florales de Lagos de Moreno en el género de Cuento en 2021, el IV Premio Nacional de Poesía “Germán List Arzubide” y el Premio Estatal de Poesía Joven “Rogelio Treviño” en 2017. Es fundador de la revista Fósforo. Literatura en breve y confundador de Sangre ediciones. Es Licenciado en Letras Españolas. Ha sido becario del FOMAC (2023, 2017) y del curso de verano de la Fundación para las Letras Mexicanas (2017). Actualmente es Jefe de Unidad Editorial en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH.

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