Han pasado muchos años. Y dentro de
mí aquel verano tenso aún no termina.
El vértigo del caos
Geney Beltrán Félix
Aquel joven no tenía ni un peso en el bolsillo. Distraerse en el centro comercial no era opción. Siguió en busca de algo, como quien persigue el Santo Grial. Su andar lo guió a la biblioteca. Al ingresar, los pasillos le susurraron futuros amores, desamores y alegrías. Con suerte, alcanzaría a escuchar el eco de aquello que viviría en años venideros. Una biblioteca no solo alberga libros, sino emociones labradas con el dolor del recuerdo: de aquello que ya fue y no será otra vez.
Se detuvo frente a un estante. Su mirada se engolosinó con la portada de un niño escribiendo su diario. El título decía: ¡Casi medio año! En otra, un profesor llamado Zíper tocaba una guitarra eléctrica. Uno más mostraba un barco parecido al Titanic, con un árbol, una canica y una estatua como chimeneas, navegaba entre un tal Principio del placer. El muchacho repasaba las páginas con obsesión. Esos libros eran las voces que lo acompañaron en los veranos anteriores.
Tres años han pasado y no aprueba el examen de la preparatoria. ¿La tercera será la vencida? Cabalísticamente podría ser, pero su Sol en Sagitario le susurra que no se confíe. Sabrá los resultados esa noche.
Se hinca. Cierra los ojos. Aprieta los puños. Pide ser escuchado. Que alguien se apiade de él. Pacta su futuro frente a Dios y los libros: si le ayudan a pasar el examen, dedicará su vida a contar historias. Abre los ojos. Un pájaro se posa sobre el estante. El joven sonríe. Le han respondido. Tal vez fue solo un ave. Pero en la desesperación da alivio creer haber sido testigo de un milagro.
Han pasado muchos años. Al fondo oigo los bocinazos de Insurgentes y Eje 1 Norte. Al hojear El vértigo del caos leo al azar: Y dentro de mí aquel verano tenso aún no termina. Aquellas palabras me hacen recordar mi promesa. Es tiempo de volver a casa. A seguir escribiendo. Este ensayo, por ejemplo.
