a Tata
Hay
en lo destinado a la muerte
una hora en su día, un fracaso en su hora, un destello
en su fracaso que sobrepasa en belleza a los inmortales:
nada más hermoso que un hombre vencido,
pues cuando un hombre
abraza su derrota abraza
la belleza la verdad.
VI (Medusa), Luis Felipe Fabre
I
Por años me gritaste tu terror, por años inundaste tus ojos, bellos, pálidos, tristes,
por años tu casa fue un laberinto, un hogar de humedades,
y ahora, preso de tu grito, callas tu senectud, callas tu capricho, callas tu soledad
Imploras a los astros caer, por fin, en sueños,
caer infinitamente, caer sin medicamento
De noche, deambulas sin voz y te encuentras con el espejo
No aclama tu compañía, no aprecia tus años, no encuentra tus ojos en su reflejo
De noche, deambulas sin lentes y te pierdes entre los muros que gota a gota desmoronan su vida
No desean tus huellas ni tu calor, ajenos son a tu paso, a tus murmullos, a tu ceguera, prefieren dormir, callar entre tabiques y concreto
Otra mañana sin apetito, otra tarde que no enciendes tu estufa, cansada, oxidada
Pierdes el olfato, otra ausencia que arrincona tu voz, tu sentido
No hueles el incendio que te llama, que te nombra, que te aclama
Todas tus fotos ahora son de propano, todas tus cartas se impregnan con butano,
todos tus documentos son una verdad a medias, a punto de ser ceniza y mentira
Otra mañana sin comida, otro mediodía sin cubiertos ni platos limpios
¿Qué alimento por fin saciará tu compañía? ¿Qué chispa estallará tu cocina, tu comedor, tu recámara, la vida que terminas ofreciendo al fuego devorador de rostros?
¿Serás dueño de tu carne calcinada por el abismo que saborea las sales de tus ojos?
Y yo, lejos, ausente, espero saberte despierto otra mañana…
II
Entro como una imagen que se desvanece al tacto, entro como quien olvida la infancia transcurrida entre casas, entro como los recortes y tachaduras que destrozan tu memoria:
quince clavos que olvidaron su tarea y seis agujeros que esperaron compañía,
enmarcados siguen los anhelos, pero su destino mancha las paredes
carcomido está el techo, que implora terminar a pedazos
¿Qué años degradaron la víspera de mi abuela? ¿Cuántas cartas has escrito al dolor eterno?
¿Cuántos anhelos han caído sin consuelo, pues ahora el polvo sedimenta el azulejo?
¿Entro?
Desde esta puerta, soy otro intruso, otro huésped que maldecirá los espejos
Desde esta puerta, soy otro que intenta irrumpir en tu recinto de reflejos y ruinas
Desde esta puerta, ¿soy otro bajo los ojos de un abuelo sin cantos de vida y esperanza?



