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Un 15 de marzo de 2019 nació Nani, cerca de la única laguna artificial dentro de la ciudad de Mérida. Desde el principio fue juguetona, alegre y amargada; a veces también se ponía un poco loquita. Su karencio, decidido a tener una mascota que le hiciera compañía, la escogió porque, entre su hermanita y ella, fue la que interactuó sin miedo.

Pasaron los días. Nani necesitaba a un humano que la cuidara mientras su karencio trabajaba. Así fue como llegó a mi vida. Empezó a venir algunos días a la semana mientras esperaba a que él regresara a buscarla. Viajó en trolebús, autobús, en bolsos y koala. Incluso fue a la universidad, muy aventurera de su parte. Aprendimos pronto cómo era su carácter: siempre quiso dormir con sus dos humanos preferidos, su karencio y su karencia.

En varias ocasiones Nani estuvo cerca de la muerte. Nos prometimos que si Nani fallecía, no adoptaríamos otro gatito, por el dolor de perderlo. Transcurrió el tiempo y, entre sus incontables travesuras, llegó otra gatita a su vida para hacerle compañía: Oreo, su nueva hermanita, a quien protegía contra todos y de todo, siempre con instinto maternal.

Llegaron las mudanzas y muchísimas aventuras. En su última mudanza, Nani —siempre una gata de apartamento— sintió que mudarse a una casa era una odisea. Desorientada y con el purrr, se escapó a una casa contigua en construcción, donde “Cejas”, un gato malandro, la raptó y la embarazó. Aterrorizada, logró escapar. Después dio a luz a cinco gatitos; cuatro murieron y solo una sobrevivió. El desespero en su mirada, mientras intentaba revivir a sus bebés, era indescriptible. 

Confió en sus humanos para que la cuidaran y ayudaran a parir. Dejó que su humana tocara y cuidara a su única bebé: Peachy, su adoración y su esperanza. La cuidó y amamantó hasta su primer año, demasiado para una gata, pero así es Nani.

La gata que adora el arequipe.

La que se parece a sus papás humanos.

La que ama el pollito y el jamón.

La que no come otra cosa que no sea su alimento.

La que toma agua del grifo.

La que espera pacientemente y emocionada a su karencio, y le reclama en la puerta por llegar tarde.

La que adora dormir con sus papás humanos.

Esa es Ñañi: la purrureña del norte, Nani Reggaetón, Ñañu, Nanuchita, la creonte, la princesa Gordelia.

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Sara Montilla
Sara Montilla, 26 años, estudiante de letras- historia del arte, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.

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