Después de llorar mil lágrimas,
sola sobre las praderas,
empujaba las estrellas
en el fondo más negro
de la tempestad del alma.
Sus manos trémulas
llevaban las hojas secas
de aquel casto y puro
primer beso de amor.
Contra el crepúsculo,
de su vientre brotaron raíces,
innumerable corazón
que anduvo tanto tiempo
y tanto vio.
Zumbando entre los árboles
nació la flor amarilla y anaranjada,
con pétalos cempoales.
Mariposa de sueño,
callada y constelada,
te pueblan ecos y voces nostálgicas,
donde emigran los anhelos profundos
y caen los besos alegres, como brasas.



