Desde pequeña he sido una persona muy miedosa. La oscuridad, las películas de terror, los truenos y perder a mis padres eran los miedos con los que lidiaba cada noche. Luego crecí y los miedos comenzaron a transformarse. Un monstruo vive dentro de nosotros y debemos temerle, mantenerlo oculto y matarlo poco a poco. Ustedes se preguntarán: ¿cómo?

Cada vez que abro el periódico, miro las noticias en TV o en Facebook, la información sobre las acciones que realizan algunas personas se parece a las historias de terror que vemos en las películas o leemos en los libros. Los titulares de asesinatos a mujeres, niños, familias completas, tiroteos en escuelas, maltrato a animales, y la eminente destrucción de todo lo que nos rodea llega a ser más atemorizante que cualquier historia ficticia. Como se dice comúnmente: “la realidad supera la ficción”, y en algunos casos, por mucho llega a ser más aterradora.  Los monstruos dejaron de ser imaginarios, de habitar solo en películas y comenzaron a vivir entre nosotros.

Los miedos dejaron de existir solo de noche, de ocultarse en la oscuridad y empezaron a manifestarse en el día, en plena luz del sol. El miedo es como esa pequeña voz interior que nos dice que estamos en peligro; pero debemos tener cuidado porque esos miedos nos pueden convertir en monstruos o en aliados.

La indiferencia, la falta de empatía, la no solidaridad, son los mejores aliados de estos monstruos; les permiten seguir asustando, intimidando y propagan el miedo por todas partes. El sentirse ajeno hacia una desgracia, el no ayudar, el voltear la mirada hacia otro lado, eso les permite construir más ciudades de monstruos. Y nosotros comenzamos a parecernos cada vez más a ellos. No permitas que el monstruo salga, crezca, se desarrolle. Destrúyelo. Sé que es una lucha constante, pero lucha y vence el miedo.